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El Peyote (del náhuatl peyotl), cuyo nombre científico es Lophophora williamsii, es un pequeño cactus sin espinas que crece en la región sud-oriental de los Estados Unidos y el centro de México. Su uso es uno de los pilares de la tradición Huichol.

Los Huicholes identifican al Peyote con el espíritu del venado y realizan una peregrinación anual para ir a buscarlo.
Obtener Peyote es obtener Hikuri , cuya traducción del huichol al castellano sería algo así como “corazon del Dios venado”. Este dios conocido como Tatewari es el Dios del fuego; el abuelo fuego.
Fue Tatewari quien guió el primer peregrinaje peyotero a Wirikuta, una región ancestral donde abunda el peyote.
Esta peregrimación a Wirikuta que actualmente se hace entre los mese de Diciembre y Enrero, tiene varios de propósitos:
- portar las ofrendas que las comunidades envían sus dioses
- iniciar y consagrar a algunas personas en el arte de la recolección del Híkuri.
- cosechar peyote para las ceremonias del año.
- recolectar raíces para la elaboración del sagrado pigmento amarillo con el que se realiza la pintura facial ceremonial.
- adorar a los dioses en su lugar sagrado y aprender de la propia voz de éstos. Es por todo ello que se recorren los casi 300 km.
La peregrinación debe partir siempre del centro de la tierra, del corazón, de Teakata, situado en Santa Caterina ( Jalisco); lugar en el que reside Tatewarí, el Abuelo Fuego.
A quienes van por primera vez a Wirikuta se les llama Matuame. Ellos deben llevar el rostro siempre cubierto: si son mujeres, con el paño de cabeza o rikuriy si son hombres, con el sombrero. Esto es para protegerse de los muchos peligros que acechan a los principiantes.
La preparación para ir a coger peyote incluye una confesión y purificación rituales. Se han de confesar todas las relaciones sexuales, sin mostrar vergüenza, resentimiento, celos ni expresión alguna de hostilidad. Cada vez que el peregrino declara un pecado, el kawitero ata un nudo en su “cuerda de la confesión” y, cuando la declaración termina, esta cuerda es arrojada al fuego, en señal de reconciliación
Presididos por Uruwakame Tatewari (o el Hombre de las Flechas), todos los peyoteros forman un círculo alrededor del Abuelo Fuego y sostienen una larga cuerda (wikura) que tiene treinta nudos. Cada nudo representa un día de viaje. Uno a uno, van soltando la cuerda mientras el compañero enrolla el tramo suelto y pasa el extremo enrollado a su compañero, con ritmo y ceremonia: la enrollan con la mano izquierda, la entregan con la derecha. Finalmente la cuerda, completamente enrollada, llega a las manos de Tekuamana o Urratuki, anciano encargado de quedarse al frente de la comunidad en ausencia de los peyoteros. El Hombre de las Flechas le pide que tome la cuerda y la guarde y que cada tarde desate un nudo para llevar así la cuenta de los días. A través de esta cuerda y de estos nudos, el anciano puede saber con certidumbre dónde están los peregrinos y cuando regresarán y, como los tiene ubicados, puede comunicarse con ellos desde la distancia..


Antes de partir, los peregrinos piden al Abuelo sol que los acompañe y para significar esta compañía, prenden una vara de palo de brasil y la mantiene encendida durante el viaje. De hecho, en la figura de Uruwakame Tatewari (el representante del Fuego), es el propio Tatewari el que va al frente de las peregrinaciones. A este personaje se le conoce también como el Hombre de las Flechas porque las flechas, como elementos de limpieza y purificación, juegan un papel fundamental en el éxito de las peregrinaciones. Con esta vara encendida, los peregrinos llevan con ellos una especie de kaliwey portátil que permite reproducir su espacio sagrado en cualquier sitio por el que pasan. Tras esta última ceremonia se parte hacia Wirikuta
La caza del peyote es verdaderamente una caza. Los peregrinos llevan alforjas con tabaco, imprescindible para el viaje-ritual. También llevan botas de agua para traerla a su regreso de Wirikuta y los canastos en que traeran el peyote.
Al llegar ante las sagradas montañas de Wirikuta, los peregrinos reciben un baño ritual y realizan plegarias en favor de la fertilidad y la lluvia; posteriormente el marakame inicia una serie de prácticas ceremoniales, relata historias sobre la antigua tradición del peyote, invoca protección para lo que ha de venir y conduce a los participantes hasta los “umbrales cósmicos” donde sólo él puede ver las huellas del venado.
Finalmente se encuentra el peyote. El Marakame ( sacerdote huichol ) ha visto las huellas del ciervo. Saca su arco y dispara una flecha al cactus. Los peregrinos hacen ofrecimientos a este primer Hikuri. Se encuentra más Peyote y se llenan varias cestas.


Al día siguiente se recoge más peyote; parte del cual se compartira con aquellos que se han quedado en al aldea dentro de las distintas ocasiones ceremoniales particulares y de la comunidad.