La primer batalla de un guerrero es por la libertad, pero ¿qué es libertad para nosotros? ¿somos realmente libres? ¿somos libres para ser quienes realmente somos? La respuesta es no, no somos libres. La libertad está relacionada con el espíritu humano: La libertad de ser quien realmente somos. Pero ¿qué nos impide ser libres? ¿por qué no podemos ser como realmente somos?. Si observamos nuetra vida veremos que, en vez de vivir para complacernos, la mayor parte del tiempo sólo hacemos cosas para complacer a los demás, para que nos acepten. Lo peor de todo es que la mayoría de la gente ni siquiera se da cuenta de que no es libre, algo en su interior se los dice, pero no lo comprenden, y no saben por qué no son libres.

Todo un sistema de creencias nos ha sido inculcado desde que eramos niños, pero si lo ponemos en tela de juicio, veremos que la mayor parte de ese sistema no es ni siquiera real, nos hemos pasado todos estos años en drama por nada. La libertad que buscamos consiste en utilizar nuestra propia mente y nuestro propio cuerpo, en vivir nuestra propia vida en lugar de vivir la vida nuestro sistema de creecia. Cuando descubrimos que nuestra mente esta controlada por ese sistema, sólo tenemos dos opciones: Seguir viviendo como lo hemos hecho hasta ahora, rindiendonos ante nuestras creecias; o rebelarnos completamente, declarale la guerra a todo nuestro sistema de crencias, muchas veces impuesto. Quizá ganemos o quizá perdamos esta batalla, pero al menos tendremos la oportunidad de recuperar nuestra libertad. Elegir este camino nos da como mínimo la dignidad de la rebelion y nos asegura que no seremos la víctima desvalida de nuestras caprichosas emociones o de las emociones envenenadas de los demás. Incluso aunque perdamos esta batalla no estaremos entre las víctimas que no se defendieron.

Imaginate que alcanzaramos esa libertad en la que no es necesario que justifiquemos nuestra existencia y en la que podamos ser quien realmente somos; imaginate que vivimos sin conflictos con nosotros mismos y con los demas; imaginate que no tengamos miedo de expresar nuestros sueños, sabemos qué queremos, cuándo lo queremos y qué no queremos, que tengamos libertad para cambiar nuestra vida y hacer que sea cómo nosotros queremos; imagina que ya no tememos a pedir lo que necesitamos, decir que sí o que no a lo que sea o a quien sea. Imaginate que vivimos sin miedo a ser juzgados por lo demás, y ya no nos dejamos llevar por lo que otras personas puedan pensar de nosotros, ya no somos responsables por la opinión de nadie, no sentimos la necesidad de controlar a nadie y nadie nos controla. Imaginate que vivimos sin juzgar a los demás, que los perdonamos con facilidad y nos desprendemos de todos los juicios que solemos hacer. No tenemos la necesidad de tener razón ni de decirle a nadie que está equivocado, nos respetamos a nosotros mismos y a los demás y a cambio ellos nos respetan también.

Imaginate que vivimos sin el miedo de amar y no ser correspondidos; ya no tememos que nos rechacen y no sentimos la necesidad de que nos acepten; podemos decir:" TE QUIERO" sin sentir vergüenza o justificarnos; que podemos andar por el mundo con el corazón abierto y sin el temor de que nos puedan herir. Imaginate que vivimos sin miedo a arriesgarnos y a explorar la vida; no tememos perder nada; no tenemos miedo de estar vivos en el mundo y tampoco tenemos miedo de morir. Imaginate que nos amamos a nosotros mismos tal como somos, que amamos nuetro cuerpo y nuetras emociones tal como son, y sabemos que somos perfectos tal y como somos.


Pues bien, esa es la recompensa por esta batalla, ¿crees realmente que no vale la pena luchar? luchar contra nosotros mismo, contra nuestras creencia y contra todo lo que nos impida ser libres.
El  camino del conocimiento, no es "un día de campo en nuestra imaginación", es un camino difícil en donde la aniquilación, el reto y el desafío están presentes, pero es un camino con corazón, y en ese camino, es inútil quejarse y, sin embargo, es difícil no quejarse.


El hombre de conocimiento vive de actuar, y no de pensar en actuar y luego analizar su actuación. Él escoge un camino con corazón y lo sigue, mira y se regocija, y luego “ve” y se da cuenta de que su vida se acabará en un instante; sabe que él y todos los demás no van a ningún lado, y por que “ve”, sabe que no hay nada más importante que lo demás. Un Nahual sabe que no tiene nada, excepto vida para vivir, y su única relación con los demás es su desatino controlado. Como nada le importa más que otra cosa, un hombre de conocimiento realiza cualquier acto y lo ejecuta como si le importara, pero el sabe que en realidad no importa; así que cuando lo completa se retira en paz, sin tener el menor cuidado del resultado de su acto, por que al fin y al cabo, para él la derrota o la victoria son lo mismo.


En el camino del conocimiento se va con miedo y respeto, pero con confianza en si mismo, se tiene que actuar como un guerrero, pero sin aferrarse, sin quejas ni titubeos, hasta lograr “ver” y darse cuenta que en realidad nada importa…
Se debe de estar preparado mentalmente para cambiar el concepto de nosotros mismos y del mundo, para entender que aparte de lo que percibimos existe otra realidad, esto sin duda que requiere de un gran esfuerzo de “flexibilidad”, por así llamarlo, y para tener esa “flexibilidad” es necesario acumular suficiente “energía”, “poder personal” o carácter, a través de un complejo procedimiento que los toltecas llamaron “El Camino del Guerrero”.


Cuando un hombre común acepta la posibilidad de que puedan existir otras realidades a parte de las que él percibe, puede convertirse en aprendiz. Cuando el aprendiz logra ahorrar suficiente energía a base de técnicas especificas que requieren de gran esfuerzo, entonces se convierte en guerrero. Un Guerrero es un individuo capaz de llevar a cabo la máxima disciplina y un absoluto control de si mismo. El guerrero busca a través de la impecabilidad de sus actos, llegar a la totalidad de sí mismo.
Como no somos ni aprendices ni guerreros, tendremos que empezar a tratar de entender lo que nuestra razón no puede entender, pero como no contamos con otro recurso diferente a la razón para entrar al mundo del Nahualismo, hay que valernos de ella para allegarnos a este milenario conocimiento, tan propio y, a la vez, tan ajeno a nosotros. Porque para ello no sólo debemos vencer nuestra resistencia natural a lo desconocido, sino también luchar contra una cultura e ideología de más de 500 años, que por fortuna, no ha borrado del todo nuestro origen cultural autónomo.


Él guerrero sabe qué quiere de la vida y usa al mundo para lograrlo. Él sabe que es un camino difícil, pero ya no hay nada en el mundo que satisfaga a su espíritu; no se embarra ni se aferra a las personas,  no esta dispuesto a conformarse o engañarse con nada. Sabe que tiene muy pocas oportunidades y, sobre todo, muy poco tiempo. Se prepara incansablemente a través de una férrea disciplina, fortalece su cuerpo y perfecciona su espíritu.